Sexto Día de la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

El 27 de junio se celebra la Fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.



El 27 de junio se celebra la Fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.






Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS


¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Tú conoces todos los dolores de mi vida y sobre todo la horrible pena que hoy me trae a Tus Plantas maternales.


Adoro la Divina Voluntad y beso resignado la Mano de mi Dios que me prueba; y hoy, como ayer y como siempre, confío en Su Infinito Poder y en Su Misericordia Infinita.


Pero Él puso en Tu Corazón las riquezas de Su Bondad y en Tus Manos los tesoros de Su Omnipotencia. Por eso acudo a Ti, Madre Mía del Perpetuo Socorro.


Señora y Madre mía, las sombras del dolor me envuelven por todas partes, y no sé a que puerta llamar para tener algún consuelo en esta amargura que me ahoga. Los hombres, unos me son adversos, otros me persiguen, otros me olvidan, los más me miran con indiferencia. Los pocos que parecen compadecerse de mí se declaran impotentes para remediar mi mal.


Sólo me quedas Tú, Madre mía del Perpetuo Socorro. Por eso a Ti acudo lleno de confianza y amor. ¡Eres la Madre de Dios! ¡Eres mi Madre! Jesús aprieta Tus Manos para depositar en Ellas Su Misericordia y Su Amor. El primer milagro que obró en Su vida mortal lo obró movido por Tus súplicas. ¿No puedes hacer ahora otra súplica como aquélla en favor mío?


Madre mía del Perpetuo Socorro vengo a pedirte un milagro, y que este milagro sea para gloria de Dios, alabanza Tuya y santificación de mi alma. (Se hace la petición).


Aquí vendré nueve días seguidos a Tus Plantas. ¿Quedará Tu Maternal Corazón insensible a mis ardientes y humildes súplicas? Porque eres buena, porque eres fiel, porque eres según el plan Divino, Dueña de todos los tesoros de Dios, por eso confío en Ti.


Sin embargo, que ahora y siempre se haga la voluntad de Dios, así en la tierra como en el Cielo. Tú, Madre mía, hallarás en Tu Maternal Corazón recursos poderosos para que descienda el bálsamo del consuelo ahí donde siga el dolor purificando mi vida


¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro, en Ti confío!


DÍA SEXTO


¿Qué me dice Tu Santa Imagen, oh Madre del Perpetuo Socorro? Que eres la Consoladora de todas las penas. Todo en tu cuadro santísimo me habla de la Pasión de Cristo y de Tu propia Pasión. La lanza, la esponja, la cruz y, sobre todo, Tu mirada impregnada de amargura y la actitud angustiosa del Hijo de Tu Alma? mío?


Ahí está todo el Calvario. Tú y Jesús son las dos Víctimas. Él derramará en Ti la Sangre de Sus Venas?. Tú, Madre mía, derramarás todas las lágrimas del dolor.


Y esta Tu dolorosa Pasión duró toda Tu vida. Era Jesús Niño, descansaba amoroso en Tu Regazo, y ya la visión de Sus tormentos le amargaba la vida.


También para mí tiene que haber una cruz; también yo tengo que morir en un Gólgota.


Es verdad de mi fe, porque es la doctrina que brotó de los Labios de Jesús:



“El que quiera venir en pos de Mi, tome su cruz y sígame. Si no hacen penitencia, todos irremisiblemente perecerán”.



Y el apóstol San Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, ha escrito en una de sus cartas: “Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, tendrán que ser perseguidos”.



Adoro, Madre mía, la Voluntad Divina y te digo lo que te decía Tu gran devoto San Alfonso: “Si quieres que sea perseguido, despreciado y calumniado?, si quieres que esté enfermo, encarcelado y atormentado?., si quieres que padezca tristezas en el alma y hambre y dolores en el cuerpo, hágase la Divina Voluntad”.



Pero el mismo Jesús que nos prueba, quiere que acudamos resignados y llenos de confianza a Ti. Por eso a Ti acudo, Consoladora de los afligidos? Por eso llamo a Tus puertas, Alegría de las almas tristes? Por eso te llamo a Ti, Esperanza de los desesperados? Por eso invoco Tu Nombre, que resume todas las bondades, Madre del Perpetuo Socorro? Madre, consuélame, ampárame y mi corazón te amará eternamente.


Rezar 3 avemarías.


ORACIONES FINALES


Invocaciones para todos los días

¡Oh Madre mía, Perpetuo Socorro de todos los que sufren y de todos los que lloran! Permíteme que recostada mi frente abatida sobre Tu Corazón de Madre, te diga mis penas y te exponga mis deseos, porque sólo Tú eres mi esperanza en esta hora tristísima en que me acosan todos los males.



  • Por Tus inefables alegrías cuando por un portento de Dios te viste al mismo tiempo Virgen y Madre. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por Tu gozo dulcísimo cuando por vez primera se miró Jesús en Tus Ojos y te dio el nombre dulcísimo de Madre. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por la maternal complacencia de Tu Corazón cuando viste como Tu Hijo accedía a Tus súplicas y obraba el primer milagro en las bodas de Caná. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por la santa satisfacción de Tu Espíritu cuando contemplabas los milagros de Tu Jesús en favor de Sus hermanos y Tus hijos, los hombres. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por tu gozo divino cuando viste como Jesús obraba el milagro de los milagros, la Divina Eucaristía para vida, sustento y alegría de todos Tus hijos redimidos. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por Tu Mirada de Misericordia. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por Tu nombre de Madre del Perpetuo Socorro, símbolo de poder y de bondad ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Por los continuos y estupendos milagros que haces en favor de los que invocan este nombre Tuyo dulcísimo. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Para que el poder de Jesús sea reconocido y celebrado. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Para que Tu Amor y Misericordia sean de todos glorificados. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Para que mi corazón, agradecido, te ame y te invoque siempre. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!

  • Para que Tu Nombre sea en todo el mundo, conocido, amado y alabado. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, óyeme!


Oración final para todos los días

¡Oh María! Ya que para inspirarme confianza, te quisiste llamar Madre del Perpetuo Socorro, yo (mencionar su nombre), aunque indigno de ser inscrito en el afortunado número de Tus siervos, deseando no obstante participar de los benéficos efectos de Tu Misericordia, postrado ante Tu trono te consagro mi entendimiento, para que piense siempre en el amor que mereces; te consagro mi lengua, para que ensalce Tus grandes prerrogativas y propague Tu devoción; te consagro mi corazón, para que después de Dios, te ame sobre todas las cosas.


Recíbeme ¡oh Gran Reina!, en el venturoso número de Tus siervos; acógeme bajo Tu protección; socórreme en todas mis necesidades espirituales y temporales, especialmente en el peligroso trance de mi agonía. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Sé que me amas más de lo que yo puedo amarme a mí mismo; por eso, te constituyo Señora y Árbitro de mis intereses y de todas mis cosas. Dispon, pues, libremente de mí y de cuanto me pertenece conforme Te agrade.


Bendíceme, ¡oh Madre mía!, y con Tu poderosa intercesión fortalece mi flaqueza, a fin de que, sirviéndote fielmente en esta vida, pueda alabarte, amarte y darte gracias en la otra eternamente.


Jaculatoria

¡Oh Madre, Madre del Perpetuo Socorro, ruega por mí!


¡Seas amada, seas alabada, seas invocada, seas eternamente bendita, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro!, mi esperanza, mi amor, mi Madre, mi refugio y mi vida. Amén.


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


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