Este fin de semana se podrá probar la bebida ancestral "Chicha": ¿Qué es y cómo se hace?
La chicha es una de las bebidas más antiguas y tradicionales del norte argentino. Su preparación, que puede llevar varios días de trabajo y dedicación, combina técnicas ancestrales, utensilios tradicionales y el espíritu comunitario que da vida a las celebraciones populares.
La chicha es mucho más que una bebida: es una tradición profundamente arraigada en la cultura del norte argentino y en las celebraciones populares, especialmente durante el tiempo de carnaval. Su elaboración es un proceso artesanal que exige paciencia, conocimiento y un intenso trabajo colectivo que se transmite de generación en generación.
Todo comienza con la preparación de bollos elaborados con harina de maíz y agua caliente. Estos bollos se cocinan en horno y luego se dejan reposar durante tres días para que puedan leudar correctamente. Recién después de ese tiempo están listos para continuar con el siguiente paso del proceso.
Una vez preparados, los bollos se colocan en grandes recipientes, generalmente ollas de barro con agua caliente. Allí comienza una de las tareas más exigentes: la mezcla constante utilizando un largo palo especial llamado calvina. Con movimientos firmes que involucran todo el cuerpo, la preparación se bate hasta transformarse en una pasta amarillenta. El proceso continúa hasta que la masa empieza a desprenderse de las paredes del recipiente y deja de adherirse.
Tras una larga y agotadora batida, a la que se le va agregando agua caliente de forma constante, la mezcla se deja reposar. Luego se procede a decantar el líquido y realizar varias coladuras y trasiegos para obtener el arrope, una base fundamental en la preparación de la chicha.
Los utensilios utilizados también reflejan la tradición ancestral del proceso. Para servir o manipular el líquido se emplean grandes calabazas cortadas por la mitad que funcionan como cucharones. Los coladores suelen ser lienzos delgados y, en algunos casos, también se utilizan hojas de algarrobo.
El proceso continúa con la cocción del arrope, que puede extenderse durante dos o tres días. El primer hervor es especialmente intenso y exige vigilancia permanente, ya que el líquido puede desbordar fácilmente el recipiente. Por ese motivo, quienes participan de la preparación se turnan alrededor del fuego para controlar la cocción.
Estas largas horas junto al fogón se convierten también en momentos de encuentro. Mientras se cuida la preparación, surgen conversaciones, cuentos, chistes, guitarreadas y hasta bailes improvisados que ayudan a sobrellevar la ardua tarea. A esta tradición se la conoce como "rondar a los arropes".
Después de una prolongada cocción, el arrope adquiere una textura oscura y espesa, similar a una crema de chocolate. Finalmente se mezcla con la chuya, una porción del líquido que fue separada previamente. Luego de ser colada nuevamente, la preparación se deja fermentar en grandes tinajas de barro cubiertas con trapos.
Estas tinajas inspiraron una conocida adivinanza popular que dice: "una vieja borrachita con la cabeza atadita". De su interior, tras el tiempo de fermentación, nace finalmente la chicha.
Esta bebida ancestral se convierte entonces en el alma de las fiestas, especialmente del carnaval: símbolo de alegría, motivo de reunión y expresión viva de la identidad cultural de los pueblos del norte. La chicha no solo refresca, sino que también conecta a las comunidades con sus raíces, su historia y el espíritu festivo de la tierra.



